Cuando hablamos de seguridad en el almacenamiento de productos químicos, muchas veces pensamos en el verano: altas temperaturas, evaporaciones, inflamabilidad, estrés térmico… Pero el invierno también tiene sus propios desafíos, igual de serios, aunque menos evidentes.

Las bajas temperaturas, la condensación o incluso la percepción de «tranquilidad» que trae el frío pueden generar una falsa sensación de seguridad. Y ahí reside el mayor peligro: los riesgos invisibles del invierno.

El frío también cambia la química (aunque no lo parezca)

El descenso térmico puede alterar las propiedades físicas y químicas de muchas sustancias. Algunos líquidos se vuelven más viscosos o incluso solidifican; otros pueden separarse en fases, cambiar de color o generar precipitados.

Esto no solo afecta al producto en sí, sino también a su manipulación, transporte o aplicación. En casos extremos, el frío puede hacer que una sustancia inicialmente estable se vuelva inestable o pierda eficacia.

Además, los sensores y equipos automáticos que regulan temperatura, humedad o presión pueden verse afectados, generando mediciones erróneas o fuera de rango.

Condensación: el enemigo silencioso del invierno

Uno de los mayores riesgos del invierno en el almacenamiento de productos químicos es la condensación. La diferencia entre la temperatura exterior y la interior genera humedad en superficies, techos, envases o incluso en los productos almacenados.

La condensación puede provocar:

  • Corrosión en contenedores metálicos o estructuras.
  • Pérdida de etiquetas o ilegibilidad de señalización.
  • Contaminación cruzada si el agua entra en contacto con sustancias higroscópicas.
  • Pisos resbaladizos que aumentan el riesgo de accidentes laborales.

Lo más preocupante es que este fenómeno suele pasar desapercibido hasta que provoca un daño real. Y en muchos almacenes, no se vigila activamente.

Materiales que se vuelven más frágiles

El frío no solo afecta a los productos químicos: también influye en los materiales de los envases, tuberías, válvulas o cubetos.

Algunas consecuencias frecuentes en invierno:

  • Plásticos que se endurecen y se vuelven quebradizos.
  • Juntas que se contraen, generando pequeñas fugas.
  • Tuberías que se obstruyen por solidificación parcial del producto.
  • Cristales o visores que se fracturan con cambios térmicos bruscos.

“Cuando bajan las temperaturas, muchos riesgos se esconden. Nosotros los seguimos midiendo igual. Porque lo que no se ve, también puede poner en peligro tu almacén”, señalan desde el equipo de LDH.

Esto puede dar lugar a fugas lentas o microfiltraciones que, aunque no sean alarmantes al principio, pueden comprometer la seguridad del entorno.

Almacenes menos ventilados ≠ más seguros

En invierno, muchas empresas reducen la ventilación natural o forzada de los almacenes para conservar el calor. Pero menos ventilación no significa más seguridad. De hecho, ocurre lo contrario.

Una ventilación deficiente puede:

  • Aumentar la concentración de vapores peligrosos en espacios cerrados.
  • Impedir la dispersión adecuada de gases o compuestos volátiles.
  • Empeorar la calidad del aire para los operarios.

Además, si hay calefactores o fuentes de calor cerca de sustancias inflamables, se añade un riesgo adicional. La clave está en mantener una ventilación controlada, adaptada a la temperatura, pero sin comprometer la renovación del aire.

El factor humano también se resiente

Los riesgos en el almacenamiento de productos químicos no son solo físicos o técnicos: también tienen que ver con el factor humano.

En invierno:

  • El personal lleva más ropa, lo que puede dificultar la movilidad y la visibilidad.
  • Las manos frías reducen la sensibilidad y la precisión en operaciones delicadas.
  • Se incrementa el absentismo por gripes, resfriados o lesiones musculares.
  • La fatiga y la desmotivación aumentan con los días cortos y oscuros.

Todo esto repercute en la atención, la rapidez de respuesta y el cumplimiento de los protocolos. Un pequeño despiste puede tener consecuencias importantes cuando se trabaja con sustancias peligrosas.

Por qué estos riesgos se pasan por alto

En la mayoría de las empresas, la prevención se planifica de forma genérica, sin tener en cuenta las estaciones. Si no ha habido incidentes graves en invierno, se asume que “no pasa nada”.

Esto genera una falsa sensación de seguridad que hace que no se revisen los puntos críticos de cara a la temporada fría.

Además, muchas normativas y auditorías se centran en condiciones estándar, sin prestar atención específica a los riesgos estacionales. Esto deja fuera del radar elementos clave como:

  • Verificación del aislamiento en tuberías.
  • Control de condensación en cubetos.
  • Revisión de materiales de envases.
  • Adecuación de la ropa de trabajo a condiciones invernales.

La clave: prevención estacional, no reactiva

La mejor forma de evitar incidentes invernales es actuar antes de que lleguen. Eso implica diseñar un plan de prevención estacional para el almacenamiento de productos químicos, que incluya:

  • Revisión de instalaciones: puntos fríos, humedad, condensación.
  • Mantenimiento preventivo: de materiales, sensores, ventilación.
  • Control de estado de etiquetas y envases.
  • Formación específica para operarios en condiciones de frío.
  • Simulacros y revisión de planes de emergencia adaptados al invierno.
  • Ajustes en la ventilación para garantizar la seguridad sin pérdida térmica.
  • Evaluación de compatibilidad química ante cambios de temperatura.

Estas acciones no deben improvisarse. Lo ideal es incluirlas en el calendario preventivo del almacén y ejecutarlas antes de la llegada del invierno.

 

El invierno no da tregua, y mucho menos en entornos donde se manipulan sustancias sensibles. Aunque los riesgos del calor suelen estar más presentes en nuestra mente, los riesgos invisibles del frío pueden ser igual de peligrosos… o más, precisamente porque no se ven.

El almacenamiento de productos químicos exige una vigilancia constante y adaptada a cada estación del año. La prevención invernal no solo evita incidentes: también protege la operativa, los productos y, sobre todo, a las personas.

Desde LDH, trabajamos con planes de prevención estacional que nos permiten anticiparnos a este tipo de riesgos. Cada almacén tiene particularidades distintas, pero el enfoque debe ser siempre el mismo: observar, medir y actuar antes de que el problema aparezca.

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